La función pública y el cambio de ciclo
¿Cómo es posible que a alguien, quien sea, le parezca maravilloso que otro, alguien, quien sea, que no podía ser despedido, de repente pueda serlo? ¿A qué estado de bestialidad social hemos llegado que nos alegramos de que ene personas puedan ser despedidas, ya que quien se alegra siempre pudo perder su empleo?
¿No es más digno y más lógico alegrarse de que “por lo menos el tío Luis nunca vendrá a pedirnos dinero porque es funcionario y sabe que conservará su puesto”, que alegrarse de que “el tío Luis puede ser por fin despedido, como yo y como cualquiera, qué alegría tan grande”?
¿En qué estado de confusión tan grande está la sociedad como para desear que el poco trabajo digno, de calidad, estable, que no se mueve por criterios de pérdida/beneficio, que atiende a todos por igual y cuyos empleados pueden permitirse el lujo de cumplir su jornada estrictamente, sin echar horas absurdas moviendo papeles, sin hacer la pelota a nadie, se venga abajo? ¿Nos hemos vuelto locos para desear a todos el mismo mal que aqueja a unos cuantos?
Publicado el 22 julio, 2011 en Función pública, movilizate. Añade a favoritos el enlace permanente. Dejar un comentario.
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